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“Debemos encarar el prejuicio con coraje y valentía”

8 de mayo de 2022. Juanita García del Mar tiene el cabello largo, liso y rojo. Los ojos verdes y es de piel trigueña, siempre se le suele ver en su peluquería cortando el cabello a sus clientes o comentando sobre cualquier tema. Ella corta el cabello con especial cuidado y para todos los días de la semana usa un uniforme de un color distinto. Su peluquería es punto de referencia para las personas LGBTI que habitan el barrio Las Nieves, pues allí todos se congregan a hablar de los últimos acontecimientos del día a día en este barrio popular del suroriente de Barranquilla. 

No obstante ser una persona sexualmente diversa en el barrio Las Nieves no es fácil, existen varios tipos de violencias simbólicas tanto contra mujeres trans como Juanita, como contra hombres gays. Una de las personas que visita de manera concurrida el salón de belleza de Juanita, es un hombre gay llamado Danilo, él abrió un estadero hace poco y con frecuencia recibe quejas de los vecinos por el ruido y el alto volumen de la música, cosa que para Danilo se traduce en discriminación pues en Las Nieves hay otros negocios como billares y estaderos cuyos dueños son personas heterosexuales y en su caso al ser un “marica” dueño de un establecimiento de ocio resulta incómodo para los vecinos, que no están realmente afectados por el ruido del lugar si no que en su prejuicio no toleran su orientación sexual. 

Por otro lado, las mujeres trans que viven en este barrio describen situaciones de violencia policial en todos los sitios que frecuentan, especialmente en lugares donde ejercen el trabajo sexual como el centro de la ciudad. Existe un miedo generalizado por parte de la policía, que se concentra en el CAI del barrio, pues allí varias mujeres trans son abordadas por policías ,que para empezar vulneran su identidad de género, llamándolas por sus nombres masculinos y exigiendo sus documentos de identificación, y ellas por miedo a sufrir torturas o alguna agresión muy fuerte prefieren retirarse y acatar sus órdenes, porque en el pasado han escuchado historias de mujeres trans que han puesto resistencia ante estos actos violentos y ante esto solo han sido más ultrajadas y golpeadas, situación que refleja la transfobia y prejuicio estructural que persiste en la fuerza pública y agentes del Estado. 

Juanita se siente aludida cuando escucha las problemáticas que a diario viven las mujeres trans y lo acostumbradas que están a la discriminación, porque en el barrio algunas mujeres trans también son vulneradas por los vecinos y transeúntes que las llaman por pronombres masculinos y que, si no fuera porque algunas de ellas afortunadamente cuentan con el apoyo de sus padres, hace mucho se habrían ido del barrio. 

Juanita, cuenta el caso de Alondra, una mujer trans que fue asesinada en el barrio La Chinita, que colinda con el de Las Nieves, feminicidio que fue reportado por el Observatorio de Derechos Humanos de Caribe Afirmativo. Se cree que fue porque Alondra les contó a sus compañeras trans que estuvo con uno de los líderes de una pandilla, y estos al saberlo la citaron bajo engaños y la asesinaron. Esto evidencia la violencia por prejuicio a las que se exponen las mujeres trans y la ira desmedida y odio con el cual se cometen estos crímenes, pues en informes e investigaciones jurídicas se configura como un patrón que los hombres o clientes con los que las mujeres trans estuvieron las asesinen luego de que éstas hayan contado de su encuentro. 

“Debemos encarar el prejuicio con coraje y valentía”, menciona Lucero, una de las mujeres trans que asiste a la peluquería de Juanita, pues en el sector hay varios hoteles y moteles que las mujeres trans frecuentan con clientes y es común que los dueños de estos establecimientos les nieguen la entrada en razón de su identidad de género, y eso no sólo arruina su encuentro con algún cliente en la mayoría de los casos, si no que evidencia una profunda discriminación que existe contra ellas, y que en llegado caso la entrada a cualquier establecimiento sea hotel, bar y discoteca no las admite por su identidad de género y por el sencillo hecho de no adaptarse a la imposición de la heternorma. 

Mientras tanto, los adolescentes LGBTI viven violencias simbólicas en sus colegios, en uno de ellos respetan la orientación sexual de los alumnos, pero en otro las identidades trans se ven vulneradas constantemente. Situación que no debería pasar pues la Corte Constitucional ha emito tres sentencias en las que los centros educativos deben garantizar la inclusión, el reconocimiento de la diversidad y el acompañamiento en la salud mental y emocional de los estudiantes. Puntualmente, la sentencia T-443 DE 2020 menciona estas garantías que deben proteger los derechos de las identidades trans, respetando el derecho al libre desarrollo de la personalidad y a la libre expresión. A pesar de esto es usual que los adolescentes con identidades de género diversas se enfrenten continuamente a violencias simbólicas, acoso escolar y a un sinnúmero de agresiones que pueden detener sus tránsitos, o dejar fuertes impactos en su salud mental, por tal motivo es fundamental que el sistema educativo colombiano integre en sus pedagogías un enfoque de género y diferencial que respete los derechos humanos de sus estudiantes. 

Una particularidad que cuentan las personas LGBTI reunidas en el salón de belleza de Juanita es que los hombres heterosexuales del barrio Las Nieves en espacios privados como bares, estaderos y billares cuando se encuentran con alguien LGBTI son amables e incluso comparten con ellas y ellos trago, comida o conversaciones, pero a la luz pública en espacios visibles como una calle, no los saludan o los ignoran. Si bien lo descrito anteriormente no es una agresión, pero si evidencia una doble moral en donde la homosexualidad o vivir en la diversidad es reducida a los espacios privados, mientras que en la cotidianidad de los días negar la existencia de las personas LGBTI es un acto no solo de intolerancia, si no discriminación de una sociedad prejuiciosa que se niega aceptar que las personas sexualmente diversas existen y habitan los territorios.

De nuevo realizar un estudio o radiografía de las experiencias que viven las personas LGBTI en los barrios de Barranquilla permite establecer patrones de violencia que se repiten, cómo por ejemplo, violencia policial, discriminación en espacios públicos, rechazo por parte de los vecinos y personas heterosexuales del sector, entre otras, donde las personas trans son las más excluidas de los escenarios y a quienes su derechos se les vulneran con frecuencia. Se trata entonces de preguntarse qué si existe una política pública en la ciudad y aún más en el departamento que cuenta con enlaces LGBTI en varios municipios, vale la pena cuestionarse ¿Qué pasa del papel a la realidad? Y cómo se interiorizan estas políticas y se erradica el prejuicio como conducta profundamente arraigada en la sociedad barranquillera.