Caribe Afirmativo presenta línea base sobre derechos de las personas LGBT en los municipios de las Casas de Paz.

Maicao, La Guajira, Ciénaga, Magdalena; Soledad, Atlántico y El Carmen, Bolívar, son los municipios donde desde hace un año funcionan estos espacios de empoderamiento y participación de la sociedad civil LGBT en la construcción de Paz.

Arcoiris en Blanco y NegroLas Casas de Paz, son la presencia de caribe Afirmativo en medio de las casas de la gente, con quienes buscamos aunar esfuerzo para caminar la senda de la reconciliación y de la construcción de un mejor país; donde la igualdad y el respeto a la diversidad sean garantías de una paz estable y duradera. Nuestra presencia   de la mano de líderes y lideresas LGBT que han resistido el impacto de la guerra y hoy son protagonistas de la era de la reconciliación y de la paz en  El Carmen de Bolívar, donde el conflicto  exacerbó las condiciones de vida de muchas personas  líderes de los procesos de diversidad sexual y de género y que hoy quiere refundar su liderazgo montemariano; en  Soledad, Atlántico,  que siendo uno de los  municipios más receptores de personas  desplazadas, busca  posesionarse como la capital de la paz y  darle a su ciudadanía un estatus de ciudadanía plena;  en  Ciénaga, Magdalena que  quiere pasar de  haber sido testigo silenciosa de “la Masacre de las bananeras”, acción  de violencia colectiva que marcó el inicio del conflicto armado en la región  Caribe a  convertirse en  epicentro de  reconciliación y  de reconstrucción del tejido social; y en  Maicao, Guajira,  municipio fronterizo  e Indígena donde   problemas  estructurales como pobreza e inequidad piden ser resultas para la vida digna de sus habitantes.

Nuestra presencia como Caribe Afirmativo en el proceso de negociación de la Paz entre el gobierno y las FARC y  la incidencia social en el ejercicio de su implementación,  ha sido un escenario privilegiado, para recordar que éste proceso debe garantizar la superación de las múltiples inequidades que viven las personas LGBT, al  ser partícipes de la creación  de un nuevo contrato social basado en el respeto a las diferencias y la eliminación de marcos legales y políticos que promueven la discriminación, los prejuicios y la negación de derechos;  con la claridad que solo se vie en paz cuando se mejoran  las condiciones de vida, como por ejemplo, en la Constitución Sudafricana post-apartheid, que la inclusión de una clausula declarando la orientación sexual como parte del derecho a la igualdad, que desencadenó una serie de reformas legales que llevaron desde la despenalización de la homosexualidad hasta la garantía plena de derechos para parejas del mismo sexo.

Este ejercicio de participar en la construcción de la paz no es novedoso para el movimiento LGBT en Colombia; ya desde 1999 con la experiencia de “Planeta Paz”, grupos de lesbianas, homosexuales, bisexuales y trans, iniciaron un proceso  de visibilizar la  afectación  del conflicto armado en razón de la orientación sexual o identidad de género y a exigir  garantías ciudadanas como prerrequisito para los diálogos, acciones que  con los años  han madurado en las diversas regiones del país  y hoy llenan a la agenda de paz de múltiples prácticas y experiencias para crear  espacios de convivencia y reconciliación y han sido significativas en la profundización de la democracia real y completa. Ejercicios que como en la antigua Yugoslavia, Irlanda, Salvador o Sudáfrica; permitieron que sus prácticas y experiencias de posconflicto hayan sido significativas en la profundización de la democracia en tales contextos.

Sin embargo, varios ejemplos internacionales demuestran también que los escenarios posconflicto no son necesariamente más seguros en términos de violencia sexual y de género. En las negociaciones de paz y la reconstrucción de los estados postconflicto, se refuerzan roles tradicionales de género que definen a los hombres como los “salvadores de la patria” y a las mujeres como las “madres” de la nueva nación. Movimientos revolucionarios que se muestran amigables y solidarios con las causas homosexuales no generan cambios reales cuando logran el poder, como sucedió en Nicaragua. El nacionalismo que se fomenta en los procesos de reconstrucción nacional se hace con frecuencia llamando a recuperar valores “tradicionales”, el “honor” o una idea de “identidad nacional” que no sólo margina y borra diferencias, sino que atenta contra grupos minoritarios, como ha sucedido en varios países de la antigua Yugoslavia. Las violencias sexuales y de género toman nuevas formas en los postconflictos.

El estado actual del acuerdo de paz en Colombia, aprendiendo de  estas experiencias para evitar los errores y replicar las buenas prácticas, nos permite  avanzar en clave de género, es decir con un enfoque diferencial, -ya que el  conflicto afecto a los grupos poblacionales de manera diferencial- cómo se  ha construido el acuerdo para blindarlos de cualquier práctica patriarcal y excluyente y garantizar el reconocimiento de la diversidad sexual y las identidades o expresiones de género, en todo el proceso de implementación; que no definan a los hombres como “salvadores de la patria” y a las mujeres como “madres de la nación”, pues reproducen desigualdades e inequidades de género que mantienen la violencia; sino que por el contrario, nos permita aprender e incorporar los conocimientos, prácticas y experiencias que las personas y organizaciones LGBT han acumulado en sus luchas por la dignidad y sus iniciativas para lograr sociedades más incluyentes. Tales conocimientos son insumo significativo para una construcción de paz desde los sectores sociales subordinados y marginalizados, y desde una idea de hacer una paz situada en contextos y condiciones sociales y culturales concretas.

Caribe Afirmativo desde su ejercicio misional de “Casas de Paz”, busca  recoger la experiencia, dinamismo y  compromiso de los líderes y  las lideresas LGBT de ésta región y ponerlo al servicio de la paz; pero de la misma manera y como prerrequisito para esta acción colectiva, visibilizar  las acciones de  déficit de derechos que  esbozamos ampliamente en ésta línea base, dónde la ausencia del Estado, característica en  nuestros pueblos que nos ha condenado a una pobreza historia y a un subdesarrollo instalado, se agudiza cuando  los sujetos que están tras la lucha son  personas  LGBT, por ello   se requiere, para ellos y ellas en particular y para la sociedad en general, vida digna, bienestar, justicia y acceso a servicios, para poder hacer de esta ilusión de paz, una realidad sostenible.

Desde nuestra experiencia de una ciudadanía inconclusa, marcada por el desprecio y los prejuicios históricos, no queremos que el postconflicto genere nuevos closets donde las personas sean nuevamente estigmatizadas, invisibilizadas y sigan viviendo con miedo. Como colombianos y colombianas invitamos a dejar el closet atrás, a poder vivir sin miedo de la diferencia.

Solicitamos que el proceso de implementación garantice un compromiso con el desmonte de imaginarios patriarcales, homofóbicos y transfobicos que reproducen la violencia y que se garanticen que el fortalecimiento de estructuras como la de las familias y la sociedad en esta etapa de reconciliación se haga con el reconocimiento pleno de los derechos de las personas LGBT, en el cual nuestras casas sean epicentro de propuestas y acciones de una nueva sociedad.

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Caribe Afirmativo

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